La maternidad implica posponerte a ti misma, pero sentir la plenitud que ningún otro proyecto te puede dar.
Porque maternar es el trabajo más difícil, pero también el más importante. Aunque no el más valorado.
La maternidad es poner tu cuerpo al servicio, sentirlo ajeno, pero en ello sentir que es lo más poderoso y divino que tienes.
Es no entender cómo los que te rodean siguen con su día a día. Porque tú ya nunca tendrás tu antigua rutina. Y eso te causa angustia, frustración, incertidumbre. Tu vida no sigue, da un vuelco sin retorno.
La maternidad es mantenerte estoica mientras contienes desbordes, sabiendo que muchas veces, el desborde que realmente contienes es el tuyo.
Y contener…
Y contener…
Es nadar en profundidades oscuras solo para acercarte a Dios.
La maternidad es querer hacerlo todo pero reconocer que no puedes con todo al mismo tiempo.
Ser mamá es decir que no puedes, mientras lo haces
una
y otra vez.
Y pasas de la derrota y frustración a la aceptación y agradecimiento.
Te das cuenta que no es rendirte, es flexibilizar.
Flexibilizar todo menos la siesta. Para la siesta hay que ser puntual.
Ser mamá es expandir los límites de la paciencia.
Y también romper las barreras de cualquier definición que pensaste que era el amor.
Porque un amor así no lo habías sentido nunca.
Ser mamá es maravillarte con las lagartijas de tu jardín y saludar a pasajeros en aviones lejanos, porque tú mayor placer es vivir mitos y leyendas a través de sus ojos.
Leí que si las guaguas vinieran de una especie de portal mágico, los humanos seríamos devotos de ese portal, le rezaríamos, brindaríamos ofrendas, rendiríamos homenaje. Se nos olvida que las mujeres somos ese portal que nos conecta con la mortalidad. Dignas de devoción.
La maternidad es reírte cuando pensabas que estabas cansada en tu vida prematernidad.
Y sentirte sola aun cuando estás acompañada.
Es necesitar a las abuelas, abuelos, tías, primos.
Es aprender a abrir cajones con los pies, vestirse con una mano y poner chupetes en bocas que lloran en el asiento de atrás mientras manejas.
Es seguir manejando.
Es despedirte de tu espalda. Pero darle la bienvenida a un cuerpo que cría y sostiene.
Ser mamá son las constantes matemáticas, las leches, las siestas, las cacas.
Pipí, caca, pipí, caca, pipí.
Es comer restos de huevo revuelto y panqueques en platos de silicona.
Y sonreír cuando ves marcas de manitos en las ventanas.
Es sentir nostalgia por un presente que aún no se ha ido. Y abrumarte por ese presente es válido también.
Es desafiar tu relación de pareja y sobrepasar desafíos juntos. Sabiendo que son un equipo y no rivales ni competidores.
Ser mamá es mirar alrededor y cuestionarte cómo otras mamás lo hicieron y cómo no me di cuenta antes???
Maternar es matapasiones, pero es sexy también. Porque es la mujer en su más vulnerable y poderoso elemento.
Ser mamá es devoción.
Porque en el proceso en el que te pierdes y no sabes quién eres te preguntas si puedes ser algo más que mamá.
Porque cuando intento ser la versión de la Vane creativa, amiga, esposa, trabajadora, sigo siendo tu mamá.
Ser mamá es lo más caótico, poderoso, contradictorio, brutalmente hermoso, difícil y transformador que me ha tocado vivir.
Y es que cuando nacen los hijos, naces tú con ellos también.
Porque el mundo quizás sigue siendo el mismo, la que ya no puede mirarlo igual eres tú.
Vanessa Hites.
Comentarios (0)
Regresar a Blog Nerea